Fundación del Convento

La historia de la fundación del convento de Alba arranca a finales de 1570 cuando Teresa es expulsada de Medina por el provincial Ángel de Salazar y, casi sin pausa, tras pasar por Mancera en busca de Juan de la Cruz , acometió la fundación de Alba.

huerta

Santa Teresa narra el complicado proceso de la fundación, debida al mecenazgo de Francisco y su mujer Teresa de Laíz. El albense había sido, entre 1541 y 1566 receptor de la Universidad de Salamanca, cargo importante que deja para ser Contador de la Casa Ducal hasta su muerte en 1574. Como mediadores actuarán Juana de Ahumada (hermana de la Santa ) y su marido Juan de Ovalle. El 3 de diciembre de 1570 se otorgan la Escritura de Fundación, que firman Teresa de Jesús, Francisco Velázquez y Teresa Laiz (por la última, que no sabe escribir, firma Juan de Ovalle). En las capitulaciones se establece que los fundadores darán al convento las casas en las que viven, cuando comience las obras otras, y en el trascurso de las mismas irán comprando más casas que agregaran a la parcela conventual. También ofrecen diversas donaciones y juros, y hacer la capilla e altares della e cuerpo de Yglesia a su costa.

claustral

El emplazamiento no podía ser más grato y dominaba aquella vista del Tormes que tanto gustó a Santa Teresa: «y tengo una ermita que se ve el río, y también a donde duermo, que estando en la cama puedo gozar de él, que es alta recreación para mí». Santa Teresa se obliga a celebrar los consabidos cultos por los fundadores cuando sean difuntos, a que los fundadores sean los únicos que se entierren en la capilla mayor, y a que sus descendientes sean los patronos del convento. Se limita en aquellos primeros años el número de religiosas hasta 12, más la priora. Por primera vez, en las capitulaciones se establecen garantías suficientes para asegurar a las religiosas lo más necesario (alimento y vestido), y, especialmente medicinas y todo lo necesario para el cuidado de las monjas enfermas. Teresa estaba firmemente asentada en el suelo y recordaba las penurias de las fundaciones de Malagón y Pastrana, y sabía que Alba era un lugar en el que el monasterio necesitaba fuentes externas de financiación.

Tras no pocas negociaciones, el 25 de enero de 1571 se traslada el Sacramento y se puede considerar iniciada definitivamente la vida conventual, en unas reducidas casas y con una capilla provisional. Santa Teresa lo narra así: «Púsose el Santísimo Sacramento e hízose la fundación día de la conversión de san Pablo, año de 1571» El 30 de Enero de 1572 «ya están derrocadas las casas donde se a de acer la iglesia para el dicho monasterio», según indica Francisco Velázquez. Se cede espacio a la vía pública y en 1572 se contrata la realización de las tapias de la iglesia y una capilla provisional. El 21-7-1583 el Padre Jerónimo Gracián bendijo el templo en el que tres meses atrás se había enterrado Teresa de Laiz que llegó a asistir al entierro de la Santa. Los que decidieron sobre la obra, su forma y alcance, son primero Francisco Velázquez, desde 1571 hasta su muerte en 1574, y luego, su heredera y mujer, Teresa Laíz que morirá a principios de 1583, casi al mismo tiempo que se concluyó el templo. Ambos, y especialmente Francisco Velázquez que inició el convento, serán quienes determinen que artistas se contratan, optando por artífices salmantinos. Los roces entre santa Teresa y Teresa de Laiz a partir de 1774 fueron constantes y un último testimonio de ellos es el documentado propósito de la Santa de arreglar el asunto: «he escrito a Alba que quizá estaré allí este invierno, como podrá ser».

Con Santa Teresa formaron la comunidad inicial del convento  Juana del Espíritu Santo (priora), María del Smo. Sacramento (supriora), María de S. Francisco, Guiomar de Jesús y Tomasina Bautista (Perea). Cuando Teresa muere en este convento la comunidad estaba formada por las tres primeras, más Mariana de la Encarnación (la 1ª Profesa de esta casa), Inés de Jesús, Inés de la Cruz, Catalina de S. Ángelo, Catalina de la Concepción, Constanza de los Ángeles, Teresa de S. Andrés, las novicias Isabel de S. José y Mariana de Jesús (Gaitán), y las legas Catalina Bautista, María de S. Alberto y Ana de S. Jerónimo. También estaban en el convento las compañeras de la Santa en ese último viaje: Ana de San Bartolomé y Teresa de Jesús, su sobrina. Ellas son las primeras de una lista de unas 250 hermanas que durante los 440 años de vida conventual conforme con las enseñanzas de nuestra madre y cuidando con la mayor devoción sus reliquias.

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